Una mujer rojense recuperó elementos que le hurtaron en la Terminal de Ómnibus de Pergamino –
Una mujer rojense recuperó elementos que le hurtaron en la Terminal de Ómnibus de Pergamino –
Una rojense de 35 años detuvo la partida de un colectivo en la Terminal hasta que dos pasajeros exhibieran todos sus bolsos y los bolsillos de las indumentarias hasta recuperar las pertenencias que les sustrajeron en los sanitarios mientras se encontraba en los privados.
Este martes 16/8, minutos antes de las ocho de la noche, una joven de Rojas sufrió el hurto de la mochila con billetera, documentos y pertenencias de valor mientras se encontraba en los sanitarios de la Terminal de Ómnibus de Pergamino.
La mujer de 35 años descubrió que le faltaba el bolso y le consultó a la encargada del cuidado de los sanitarios.
Esa persona le describió a los integrantes de una pareja como quienes se apoderaron de la cartera como si fuera parte de sus pertenencias.
Con total naturalidad tomaron los elementos y se fueron del lugar; pero la joven víctima no se quedó de brazos cruzados y luchó para encontrar a los sospechosos y recuperar las pertenencias sustraídas.
Así fue como careó a los sospechosos, revisó los terrenos aledaños a la Terminal para encontrar algunas tarjetas y luego ascendió al colectivo donde estos sospechosos ocupaban dos sillones de pasajeros.
Impidió que la unidad partiera de la terminal, descendió a la bodega a buscar los bolsos para revisarlos y recuperó las pertenencias.
Finalmente, llegó la Policía y presenció el procedimiento motivado por la valiente joven rojense para evidenciar el delito de hurto denunciado abiertamente y a viva voz por la víctima.
La muchacha reconstruyó todo lo ocurrido en un relato en el que visibilizó todos sus aciertos al involucrarse valientemente:
“Después de pilotear lo que parecía que iba a ser un fin de semana perfecto en la ciudad de Buenos Aires. Llegó la hora de volver a casa, tomar el taxi para ir hasta la estación de Retiro, con la valija en mano, mochila cargada y el termo. La carterita chica siempre cruzada abajo de la campera, «por las dudas».
“El viaje de regreso con un poco de melancolía pensado que mis cosas personales no salieron como esperaba. Pensando en llegar a Pergamino para tomar el otro cole y arribar a Rojas; mi ciudad”.
“Llegó el momento de bajar a la estación de destino, lo primero en pesar fue en ir rápido al baño. Entrar con todas las pertenencias cuidando todo, como siempre. La cabecita estaba en otra y ahí pasó lo que no me di cuenta hasta minutos después.
Tuve la suerte de que me fueran a buscar a la Terminal de Ómnibus y no esperar el cole. Parecía que todo marchaba tranquilo. Hasta que llegó la hora de partir de nuevo hacía el pueblo, como dicen acá. Sentí que tenía que mirar para atrás, y cuando me percaté, faltaba la mochila con muchas cosas personales de valor sentimental y económico. Se me vino el corazón a la boca, como tantas veces más después de lo que ocurrió lo que presentía”.
“Llegué volando, como quien dice, al lugar donde me la había olvidado: el baño de la estación, pero la mochila no estaba más. En el lugar había una señora encargada la que me cuenta que una pareja que andaba por la zona entró al baño y se llevó la mochila simulando como que era suya y se la habían olvidado. Mi primer impulso fue salir a buscar a los integrantes de esa pareja. Los sospechosos. Preguntándole a la gente que estaba por ahí, me encontré con una oficial de la Policía a la que le pedí ayuda y como no era del lugar me dijo que no podía hacer mucho”.
“A todo esto: llega la pareja. Sus vestimentas y características fisonómicas coincidían con lo que me había descrito la señora encargada del baño, venían como apurados de una zona oscura. El hombre se sienta en una escalera y ella va a la parte de las oficinas a buscar sus bolsos y cosas. Le pregunté a él sino había visto una mochila, y me responde con un interrogante: ¿negra y marrón? Le respondo que sí y me dijo que la habían encontrado en el baño pero otra pareja se acercó a decirles que les pertenecía, sacándosela y saliendo corriendo. Me puse muy mal porque tenía gran parte de mis cosas ahí, y les dije que me describan cómo era la pareja, no supo explicar mucho, cuando me acerco a la mujer le dije que por favor necesitaba mí mochila y se hacía la desentendida. Mi desesperación era cada vez más grande, sentía que no me tenía que rendir y luchar hasta el final. Mi instinto me decía que tenía que buscar por la zona a ver si encontraba algún rastro. Mi compañero también salió en la búsqueda. Parecía todo perdido y ellos eran los principales sospechosos. Le pedí por favor a la oficial que estaba esperando el mismo colectivo que la pareja que me ayude. Y solo me dijo que llame al 911. Les dije a los sospechosos que se iban a tener que quedar como testigos porque iba a llamar a la Policía. Ella me dijo muy segura que me mostraba sus pertenencias que no tenía nada que ocultar, que estaban cirujeando desde las cuatro de la tarde. Empezó a sacar todo de sus bolsos, pero mis cosas no estaban ahí. Mi compañero seguía buscando hasta que llegamos a un lugar descampado donde estaba ahí: tirada en la tierra, la billetera echa pedazos con las tarjetas por todo el piso, y la lonita con la funda para sentarse en el suelo. Nada más. ¿Dónde estaba lo otro?”
“Mi compa me dijo que el colectivo de ellos estaba por salir: todavía estás a tiempo. Y no lo pensé más. Corrí con toda la adrenalina e impotencia que tenía encima. Y me salté al vacío, solo por instinto. Pedí permiso al chófer y subí al colectivo, estaban ahí. Y les grité: “¡Fueron ustedes! Encontré la mochila tirada y me faltan las cosas. ¡Devuelvanmelas!”, Todo el mundo escuchaba mis gritos de desesperación; pero no me importaba nada. Solo recuperar mis cosas. Hasta un chico salió a defenderlos de que ellos no habían sido los ladrones. Pero yo sabía que si. Le dije al sospechoso: “Hay una cosa que no me mostraste y es tu mochila”. El muy nervioso me decía que no la tenía ahí, sino el parte de la baulera del cole, y que ya me habían mostrado todo. Yo insistía y sabía que la Policía estaba por llegar. La mujer me hacía frente pero el hombre estaba muy nervioso. Hasta que accedió a bajar del micro para mostrarme la mochila que estaba abajo, en la bodega. Acto seguido llegan los oficiales. Me ven a mí tratando de pedirle la mochila al hombre, la cual quiso ocultar hasta que me dijo “¡tomá!, ¡Fíjate si hay algo tuyo! La abrí y ahí estaba todo. O casi todo. No lo podía creer. Empecé a sacar todas mis cosas con desesperación. En esos momentos de impotencia no podés ver ni sentir lo que pasa a tu alrededor, de la gente que estaba esperando para irse y se quejaba. De la gente que se quedó a ver el show, de los que filmaban por celular. De todo el operativo policial desplegándose. Solo sentís las lágrimas caer y el corazón galopando a mil”.
“De ahí en adelante, empieza todo el procedimiento de investigación de los hechos policiales, preguntas, arresto de los hurtadores. Decidiendo si hacer la denuncia o no. Aunque no fue esencial ya que tenían antecedentes. De ahí: todos a la Comisaría. A medida que me iba calmando me acordaba de cosas que me faltaban. Y los oficiales me ayudaron a seguir buscando. Había más cosas escondidas en la campera y otros bolsos de lo cirujas cómo ellos se describieron a sí mismos”. “Declarando los hechos hasta casi la una de la madrugada. Siempre negaron todo, nunca reconocieron que ellos se habían llevado la mochila, y que se habían apropiado de todo, aparte de mentir que otra pareja les había sacado las cosas. Pude declarar y ellos quedaron aprehendidos. Me volví a Rojas con un revuelto de sensaciones más allá de las descriptas anteriormente. Pensé en mi mala suerte y en la buena que tuve después al recuperar todo. Pero la buena no fue de casualidad. Fue por no rendirme a la primera, fue por mi instinto de querer y saber que la iba a encontrar. Porque si me quedaba de brazos cruzados y no iba corriendo a ese colectivo y no hubiera dicho ni hecho nada de lo que hice. Estaría lamentándome todavía por todo lo perdido más allá del valor material había cosas de valor sentimental y esenciales”.
Moraleja:
“¿Cuántas veces dejamos que las cosas pasen por miedo, por comodidad, para no hacer el ridículo, por el que dirán?”.
“Nunca se conformen. Luchen hasta el final y sigan su corazonada aunque el cuore galope a mil”.
“Gracias, Gracias, Gracias. PD: me sentí muy valiente”.
Semanario El Tiempo de Pergamino –


